
Hace un par de días se dió a conocer un número estadístico que refleja el panorama que vivímos los jóvenes de México. Las cifras del último conteo del INEGI [2005] con base a apróximaciones confirman que alrededor de 7 millones de jóvenes entre 15 y 30 años ni estudian, ni trabajan. La UNAM, acota la cifra diciendo que 400 mil jóvenes en el marco estudiantil de licenciatura, entre 18 y 24 años tampoco estudian ni trabajan.
Cifras más, cifras menos que nos pueden o no, distraer en la realidad en la que estamos inmersas. Lo alarmante no es la cantidad, sino el escenario de oportunidades que se presenta. Y esto es responsabilidad de una sociedad que es pasiva y en cierto sentido apática. Tan cerca de una fecha en la cuál la nación festeja sus 200 años de autonomía política, y en al cuál conmemoramos otras festividades de reelaboración de lo que entendemos por un proyecto de nación, no viene a mal la realidad en que vivimos.
Y no me refiero a aplaudir la situación en la que estamos inmersos hoy en día. Al contrario creo que es un momento propicio para reeplantearnos ese proyecto de nación que deseamos tener. Dejar aún lado esas viejas estructuras que nos condicionan como sociedad a actuar. En los últimos foros internacionales, me he percatado que los países, pueblos ó naciones que más se desarrollan, son aquellos que están dispuestos al cambio y al cambio rápido. En México, nos encontramos ante diversas instituciones que se mueven en un sacralismo intocable, en la cuál aún como sociedad nos cuesta tocarlas, cambiarlas y adaptarlas.
Por un lado tenemos la institución política que por más de 500 años, y me refiero desde el encuentro de las dos culturas, la europea y la amerindia; se nos ha impuesto y adaptado a instituciones que son intocables. En algunos casos la idea viene de arriba hacia abajo, ordenándonos con garrotazo lo que se debe hacer y lo que no; y por otro lado de abajo hacia arriba, dónde la sociedad se 'arrana' en el conformismo y paternalismo de un Estado benefactor. Y esto que es parte de nuestra formación sociocultural nos da pie a reflexionar ese proyecto de nación que ahora nos reeplanteamos.
Si bien, en nuestro país existe la diversidad de creencias, credos e ideologías, hay que retomar esa institución sacralizada que por muchos años ha intervenido en nuestra sociedad: me refiero a la Iglesia católica, apostólica y romana. Hoy en día pareciera que también la religión como institución se replantea y más por las nuevas generaciones.
La sociedad en sus diversas instituciones como la familia, la escuela, los mercados, toman también un nuevo rubro de comportamiento. Y esto a que los jóvenes hoy en día a pesar de no estudiar y no trabajar se mueven. Su dinamismo biológico y psíquico esta cimbrando los viejos marcos institucionales en los cuales México se ha asentado.
¿Son los jóvenes mexicanos más apolíticos hoy en día? ¿Son menos religiosos y/ó espirituales? ¿Acaso ya no forman instituciones sólidas como antaño?
Al contrario, hoy en día percibo a la juventud mexicana más comprometida que antes. Es una nueva sociedad que se mueve con el conocimiento de los medios informáticos. Se comprometen con las formas de organización, pero rechazan aquellos elementos políticos que hoy nos tienen excluídos. Creen y son más espirituales que muchos jerarcas, pero realizan nuevas formas de manifestación religiosa. Forman nuevas células sociales, aprenden y se educan en diversos ágoras de la sociedad y se venden -en el buen sentido- ante quién valore sus aptitudes y trabajo.
Entonces ¿qué está fallando? Es complejo buscar culpables, y creo que como mexicanos se nos hace muy fácil culpar de algo, o sentirnos merecedores de algo. Un proyecto de nación lo hacemos todos y lo hechamos andar todos. Sería bueno que los que tienen el mando en las diversas instituciones de la sociedad mexicana, se pusieran a replantear por primera vez a escuchar está nueva generación que desea tomar participación, ó de lo contrario tarde que temprano se verá en la obligación de reeplantearse y tal vez eso sea para mal de ellos mismos.
Acercándose los festejos de los 200 años de autonomía política, en el marco de los 185 años de las Leyes de Reforma y a 100 años de la creación de instituciones democráticas y sociales, será bueno que como individuos nos preguntemos ¿Qué deseo yo para mi país? ¿Con qué elementos cuento para salir adelante? Todo crecimiento y cambio implica un sacrificio, y tal vez por ahí debamos empezar a ser conscientes, a dejar las viejas usanzas de un Estado Paternalista, de una Relgión ordenatoria y de una sociedad muy cómoda.
Somos 7 millones de jóvenes, tal vez más tal vez menos... y hay nuevas generaciones que se están formando.. de los que somos conscientes del proceso depende su formación... El nuevo México está por arrancar... ¿Cómo lo quieres?
Hasta la próxima.
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