lunes, 9 de agosto de 2010

El miedo al Otro, base para las políticas de seguridad internacional.


Lo extraño, lo desconocido y lo no que me parece común se torna hostil, agresivo y ligero en las relaciones de convivencia. Mi espacio personal, físico, moral y hasta espiritual se ve en peligro de transformarse y de violentarse ante la presencia de lo que para mí no es y no debe ser ‘normal’.

Esta realidad nos hace en lo general como en lo particular emular acciones de defensa, de rechazo y de exclusión. El ser humano a lo largo de su historia siempre ha tenido comportamientos individuales de ésta índole; ratificados en la consciencia colectiva logra crear reglas y normatividades que tratan de responder a sus intereses.

Las relaciones internacionales son complejas tanto como las relaciones sociales y humanas. En el sentido que los personajes y/o grupos que llegan a la esfera de la toma decisiones responde si bien a los intereses de la nación, también responden y se mueven bajo preceptos regulados por un valor ético colectivo.

Ahora bien, ¿qué es lo que hace que un Estado-nación a través de su aparato de gobierno lleve a cabo políticas de seguridad pública de local a lo internacional? Pueden explicarse diversos motivos, pero en la visión de éste internacionalista, considero que el miedo al Otro, sobre todo en su manifestación colectiva es un factor determinante para establecer todo un mecanismo de comportamiento en cuestiones de seguridad.

El discurso del ‘choque de las civilizaciones’ que maneja Huntington no es sino una forma declaratoria de cómo el ser humano trata de justificar bajo otros medios y discursos lo que en el fondo es la defensa justificada pero no aprobada de su temor hacia el Otro que no es como él.

Las políticas de seguridad internacional a grandes rasgos se mueven bajo la mecánica del miedo, que se puede expresar en rechazo, exclusión y porque no hasta una agresión –so pretexto de defensa. Así pues, vemos que hay en parámetros generales una intolerancia hacia las grandes hordas de desplazamiento ideológico, de valores y de personas en concreto.

El ya viejo discurso entre oriente y occidente ha desencadenado las más variadas y diversas formas de contener el vaivén de las ideas y personas que se mueven de un lado hacia otro. Luego entonces, tenemos organizaciones internacionales que fueron creadas para realizar un filtro de todo lo que se mueve de un lado hacia otro, tal es el caso de la OTAN, que en los últimos meses ha intensificado todo un despliegue de escudos antimisiles bajo el esquema de protección hemisférica.

Y esto no es para más, dado los acontecimientos bélicos del 11S en la zona cero de New York, y los percances de Madrid y Londres que van aunados a la invasión de EE.UU y sus aliados a Irak; además de la presencia de tropas extranjeras en Afganistán, no son sino los reflejos de todos unos mecanismo que tratan de contener y en algunos casos exterminar a el Otro.

Esto puede ser un ejemplo de un rasgo internacional, pero si lo trasladamos a formas regionales y locales, encontramos un sinfín de casos que se mueven bajo la misma lógica. Por ejemplo las bases militares de EE.UU en Colombia, la presencia de miles de militares yankees a lo largo de la frontera sur con México; el despliegue atroz de las fuerzas rusas en Chechenia, Abjasia y Osetia del Sur. El ya viejo conflicto entre Pyongyang y Seúl, entre Palestina e Israel y los muy variados conflictos locales del África subsahariana son el reflejo de la puesta en el terreno de lo público de acciones concretas en defensa propia, sin dejar de tomar en cuenta la agresión.

Ante todo esto que sucede en la gran aldea global, nos queda rescatar que el hombre por sí mismo, auspiciado por el colectivo es y siempre será complejo en su forma de actuar hacia aquello que le puede causar crisis. Pareciera que la premisa que emitió algún día Hobbes en su afirmación que el hombre es malo por naturaleza contrarresta la que aún en el cautiverio que provoco la persecución de los nazis se escribió en el diario de una adolescente, al decir, que a pesar de todo lo que pasa, aún sigo creyendo que el hombre es bueno en su interior.

Pero no se trata de volver al terreno de los valores y las escalas éticas, de saber que es bueno y que no es bueno. Creo más bien que las acciones que se toman en cuestiones de seguridad internacional responden a una falta de comprensión con el Otro. Khatami en su también famoso ‘dialogo entre las civilizaciones’ reconoce que las diferencias siempre existirán pero que estás no son motivo para la división de culturas, al contrario, son motivo de cohesión social en el plano internacional.

Retomando está idea, creo que al ser humano y a las sociedades locales, nos queda un gran camino por recorrer en el plano de la apertura, de la relación y de la comprensión hacia con los demás. Suena utópico escuchar que tendremos un mundo en paz y no habrá violencia, pero si bien yo dudo de este mandamiento, si creo que las medidas políticas, económicas y sociales de seguridad a nivel internacional pueden ser modificas en tanto cuanto los grupos que se aferran al poder de las tres esferas (político, social y económica) se muestren más abiertos y tolerantes.

Para construir una sociedad global sin miedo al creció en otra sociedad al que viene de otro lado, ocupamos (necesitamos) deconstruir (redefinir) esquemas que nos atan para luego construir una sociedad donde la humanidad se sienta libre de ser y de existir sin miedo en compañía del Otro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario