
Lo ocurrido en días pasados en la delegación Milpa Alta nos deja entrever varias cosas de la vida social y del comportamiento del ser humano. El posible y segundo fallo de intento de linchamiento en esa demarcación política del Distrito Federal nos deja mucho que reflexionar.
Primero que nada nos muestra la degradación social de convivencia que se vive en las zonas marginadas de la gran urbe latinoamericana. Milpa Alta pese a que esta incorporada a la zona metropolitana de la Ciudad de México aún dista mucho de que la urbanidad vóraz forme parte de sus entorno, sin embargo, los comportamientos de la gran ciudad ya forman parte del día a día de la última delegación al sur del Distrito Federal.
La importancia de centrar la atención y la seguridad en los espacios públicos, considerados 'lejanos' es de suma importancia; dado que es zona propicia para que las bandas delictivas operen. ¿Qué paso en Milpa Alta este fin de semana? Dos asaltantes de transporte público logragon llevar a cabo un atraco con un taxista. Pese a la lenta prontitud de los cuerpo policiacos, el pueblo mismo en manos del sector de transportistas decide tomar justicia por su propia mano.
Esto no es novedad en Milpa Alta ni en otras zonas de la capital. Ante la falta de eficacia de las corporaciones policíacas la población decide marcar la pauta de la justicia. Esta situación nos lleva a otro problema, dado que al darle el poder de facto a la población para ajusticiar a un ladrón sin pasar por un cuerpo colegiado elegido y avalado por la mayoría de la sociedad, nos enfrenta a la dura realidad de lo que algunos antropólogos y psicólogos, denominarían barbarie humana.
Aunque en éste artículo no se trata de culpar a unos y otros, si es importante que cada quien reconozca y asuma en la medida de su rol social, la responsabilidad que le corresponde.
El hecho de que las autoridades judiciales no cumplan en el perfecto rol de su trabajo nos revela una crisis fatal de lo que sucede al interior de las Instituciones. Por lógica ante una falta de seguridad en los cuerpos de seguridad, la población se ve llevado en la necesidad de buscar soluciones a la seguridad. No por nada en los últimos 4 años el número de agencias de policías y guardias de seguridad privada aumento el doble. Ante la falta de policías y de cuerpos policíacos honestos, la población toma decisiones. Y en una de esa toma de decisiones es la justicia de la propia de la gente.
Pero, ¿cómo confiar en que un ladrón se regenerará con el castigo de las instituciones? En esos mismo días, en Tlanepantla -municipio conurbado al Distrito Federal, un asaltante de transporte público atraco un camión, matando a una bebé de 4 meses e hiriendo a una adolescente de 15 años. El delincuente fue detenido, pero su delito tiene salida bajo fianza. No sabemos sí la persona tenga la suficiente cantidad de dinero para salir libre bajo fianza; pero suponiendo que lo tenga, ¿quién nos asegura que no volverá a cometer otro tipo de atracos? Ó peor aún, saber que desde dentro de la cárcel mientras cumple su condena podrá extorsionar a otros ciudadanos; o en el más crítico de los casos; que el director de la penal, le otorgué el permiso para salir a cumplir sus atracos como sucedió en el CERESO de Gómez Palacio, en el norteño estado de Durango.
Estás situaciones nos deben poner en alerta como ciudadanos. No creo en la seguridad privada, porque esto pone en desventaja a quien tiene posibilidades de quien no las tiene; y nos lleva a tiempos de la ley de la selva, dónde el más fuerte es el que sobrevive. Creo en las instituciones pero ¿cómo tener miembros de policías que sean honestos y qué la población les tenga confianza? Creo que es el gran reto de nosotros como sociedad, que debemos formar nosotros a nuestros policías; aunque esto nos remita al viejo dilema del huevo y la gallina ¿quién educa a la sociedad? En fin, el reto está a la orden del día.
Siempre evitando caer en la barbarie que nos denigre como ser humano.
Hasta la próxima.
Primero que nada nos muestra la degradación social de convivencia que se vive en las zonas marginadas de la gran urbe latinoamericana. Milpa Alta pese a que esta incorporada a la zona metropolitana de la Ciudad de México aún dista mucho de que la urbanidad vóraz forme parte de sus entorno, sin embargo, los comportamientos de la gran ciudad ya forman parte del día a día de la última delegación al sur del Distrito Federal.
La importancia de centrar la atención y la seguridad en los espacios públicos, considerados 'lejanos' es de suma importancia; dado que es zona propicia para que las bandas delictivas operen. ¿Qué paso en Milpa Alta este fin de semana? Dos asaltantes de transporte público logragon llevar a cabo un atraco con un taxista. Pese a la lenta prontitud de los cuerpo policiacos, el pueblo mismo en manos del sector de transportistas decide tomar justicia por su propia mano.
Esto no es novedad en Milpa Alta ni en otras zonas de la capital. Ante la falta de eficacia de las corporaciones policíacas la población decide marcar la pauta de la justicia. Esta situación nos lleva a otro problema, dado que al darle el poder de facto a la población para ajusticiar a un ladrón sin pasar por un cuerpo colegiado elegido y avalado por la mayoría de la sociedad, nos enfrenta a la dura realidad de lo que algunos antropólogos y psicólogos, denominarían barbarie humana.
Aunque en éste artículo no se trata de culpar a unos y otros, si es importante que cada quien reconozca y asuma en la medida de su rol social, la responsabilidad que le corresponde.
El hecho de que las autoridades judiciales no cumplan en el perfecto rol de su trabajo nos revela una crisis fatal de lo que sucede al interior de las Instituciones. Por lógica ante una falta de seguridad en los cuerpos de seguridad, la población se ve llevado en la necesidad de buscar soluciones a la seguridad. No por nada en los últimos 4 años el número de agencias de policías y guardias de seguridad privada aumento el doble. Ante la falta de policías y de cuerpos policíacos honestos, la población toma decisiones. Y en una de esa toma de decisiones es la justicia de la propia de la gente.
Pero, ¿cómo confiar en que un ladrón se regenerará con el castigo de las instituciones? En esos mismo días, en Tlanepantla -municipio conurbado al Distrito Federal, un asaltante de transporte público atraco un camión, matando a una bebé de 4 meses e hiriendo a una adolescente de 15 años. El delincuente fue detenido, pero su delito tiene salida bajo fianza. No sabemos sí la persona tenga la suficiente cantidad de dinero para salir libre bajo fianza; pero suponiendo que lo tenga, ¿quién nos asegura que no volverá a cometer otro tipo de atracos? Ó peor aún, saber que desde dentro de la cárcel mientras cumple su condena podrá extorsionar a otros ciudadanos; o en el más crítico de los casos; que el director de la penal, le otorgué el permiso para salir a cumplir sus atracos como sucedió en el CERESO de Gómez Palacio, en el norteño estado de Durango.
Estás situaciones nos deben poner en alerta como ciudadanos. No creo en la seguridad privada, porque esto pone en desventaja a quien tiene posibilidades de quien no las tiene; y nos lleva a tiempos de la ley de la selva, dónde el más fuerte es el que sobrevive. Creo en las instituciones pero ¿cómo tener miembros de policías que sean honestos y qué la población les tenga confianza? Creo que es el gran reto de nosotros como sociedad, que debemos formar nosotros a nuestros policías; aunque esto nos remita al viejo dilema del huevo y la gallina ¿quién educa a la sociedad? En fin, el reto está a la orden del día.
Siempre evitando caer en la barbarie que nos denigre como ser humano.
Hasta la próxima.
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