sábado, 3 de abril de 2010

Las ideas que vinieron del norte.

A miles de kilómetros de la enorme Ciudad de México en dirección hacia el polo norte, se extienden las grandes llanuras desérticas. Inmensos pedazos de tierra que en un primer momento aparecen hinóspitas, esconde el esfuerzo, empeño y sudor de gente que ha forjado de los desiertos paraísos de vida abundante. Ahí en esas vastas extensiones cubiertas de arena y roca árida, se forjaron hombres y mujeres de gran valentía, personas capaces de llegar a un entendimiento por el bien común.

Familias pobres y ricas, numerosas o pequeñas, que fueron y han sido forjadas bajo el duro sol del desierto mexicano. Olvidados por el centralismo de la capital y de sus alrededores, éstos hombres y mujeres fueron previendo el México que se había olvidado en el pasado y el que se negaba construir al futuro. Venir del norte es toparse con gente -para muchos- áspera, tosca, ruda y fría; sin embargo, la gente que viene del norte, es cálida, amable y hospitalaria. Gente que se esfuerza día a día en llevar el pan que debe comer a su mesa. Así es la gente del norte, entrona, luchona, capaz de decidir que cuándo no le gusta algo, lo cambia porque lo cambia.

A inicios del siglo XX un grupo de hombres y mujeres bajaron del norte con una idea clara, establecer la democracia y todo lo que esto implique. Así pues, el movimiento de Madero, Villa, Carranza y Obregón, vino a cambiar aquello que el ya débil régimen de Díaz no podría contener. Éstas ideas que vinieron de las tierras áridas tenía un sólo fin, crear conciencia del valor que como mexicanos -es decir, sujetos únicos- merecemos.

La democracia maderista abre paso a un camino largo y sinuoso donde se le anexará la justicia social villista, al orden obregonista y la institucionalización carrancista. Coahuila, Chihuahua y Sonora se convierten en generadores de ideas que fuerzan a la más dura montaña a desvanecerse.

Pero no solo fueron éstos personajes los que movieron grandes masas de humanos bajo los ideales revolucionarios. Atrás de ellos, cubriendo la retaguardia de cada triunfo ó derrota estaban esas mujeres anónimas. Mujeres fieles al soldado que lucha por su patria. Aquellas llamadas por el pueblo como las soldaderas ó adelitas. Así pues se elogian nombres como el de Jesusita, Juana Gallo, Petra Herrera y porque no la Adelita.
Dignas representantes del ideal revolucionario, la democracia justa que se convierte en Ley para todos y todas.

Éstas son pues las ideas que vinieron del norte, democracia, justicia social y orden civil, bajo las Instituciones Nacionales. Ideas que a lo largo del tiempo se han concretizado y que debemos de seguir defendiendo, a 100 años de éste movimiento no cabe mas que decir...

Que sí Adelita se fuera con otro la seguiría por tierra y por mar....
¡Viva la Revolución!

Hasta la próxima.


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